Una promesa cosmética necesita algo más que una frase atractiva en el envase
AEMPS recuerda que las propiedades publicitadas deben ser veraces y estar demostradas. El lenguaje comercial y la información sobre la prueba no responden a la misma pregunta.

La explicación de garantías sanitarias de AEMPS señala que la publicidad cosmética no debe atribuir propiedades que el producto no posea y que las reivindicaciones deben estar demostradas mediante pruebas de eficacia. Es un criterio general de su guía, no una certificación de los anuncios que pueda encontrar una persona al comprar.
Para leer una promesa proponemos identificar primero qué se está afirmando: una sensación de uso, una apariencia o un resultado medido. Después interesa saber cómo se evaluó, con qué comparación y durante cuánto tiempo. Estas preguntas son una propuesta de lectura crítica, sin establecer aquí requisitos jurídicos adicionales para una campaña concreta.
Un porcentaje aislado, por ejemplo, deja sin resolver qué variable se midió y a quiénes se refiere. Del mismo modo, una fotografía no permite reconstruir por sí sola las condiciones de iluminación o aplicación. Detectar esas ausencias no demuestra fraude, pero sí señala qué información falta antes de aceptar una conclusión.
Esta pieza no ha analizado productos, contratado ensayos ni revisado expedientes privados de fabricantes. Tampoco recomienda tratamientos personales. La imagen es conceptual y sus tarjetas están vacías. La utilidad práctica está en separar el atractivo del mensaje de la evidencia que necesitaría para responder a una pregunta concreta, evitando tanto la aceptación automática como las acusaciones sin documentación.